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MI AMIGO JUAN - 1

Archivado en Relatos cortos • Fecha: 21-07-2005 13:29:21

Una pequeña historia sobre coincidencias asombrosas y reencuentros insólitos.

El martes pasado viajé en el autobus con mi vecino Paco y en voz baja, recalcando que era algo muy privado, me dijo: Juan es raro, tú sabes, pero ahora está peor, está mucho más raro, habla de cosas rarísimas. El otro día en la taberna de Diego, que ya no es de Diego, pero da igual, me dijo que entró en una Orden, sí, en una Orden Esotérica, para vivenciar, así me dijo, vivenciar, los rituales antiguos. Es de no creérselo, pero fíjate que Juan lo contaba con naturalidad, no era ese el tema principal.

Lo que a Juan lo tenía muy impresionado es que le dijeron que tenía que elegir un nombre interno y que para eso tenía que sacar un papelito de entre un montón que había en una bandeja de plata. Me dijo que vió uno que estaba como sobresaliendo, llamándolo, me dijo Juan, y entonces sacó ese y leyeron, en Latín, su nombre interno, "Dei Memor", me dijo. Y que inmediatamente lo tradujeron y le dijeron: "Conocido de Dios" y que ahí se quedó como congelado y se fué al suelo. Me dijo que no se desmayó, que quedó aislado de los que estaban alrededor y que se trasladó en el tiempo. Te lo juro, así lo dijo.

Parece ser, por lo que siguió contándome, que 40 años atrás, en una época en la que estaba sin trabajo y sin dinero, con apenas 21 años y una esposa y un hijo de pocos meses, andaba como muy desesperado por la calle Corrientes y se encontró con un amigo que le ofreció vender una enciclopedia que eran sólo para abogados, y que la primera cuota se la quedaba él, a cuenta de comisiones. Eso le interesó, pensó que, tal vez, podría conseguir algún dinerito para llevar a casa.

Juan es raro, pero yo lo iba entendiendo bien, parece ser que ya conocía el oficio de vendedor de libros a crédito, dijo que eligió un edificio en la Diagonal Norte, subió en el ascensor hasta el último piso, porque parece que la técnica es así, despacho por despacho, bajando piso por piso, por las escaleras, hasta volver a salir y que, cuando hay suerte, alguno compra.

Me dijo, con un tono distinto, más pausado, que en el último piso, en el primer despacho en el que tocó el timbre, lo atendió un abogado, y él le dijo la obra que llevaba y el abogado se entusiasmó y lo invitó a pasar y a sentarse.

Me dijo que cuando sacó la solicitud de compra para rellenar los datos le temblaban las manos, pero igual sacó los recibos también, para que no llamaran mucho la atención, le preguntó como se llamaba y le dijo Dios,
dijo que le dió como un escalofrío en la espalda, y que el abogado lo notó, sonrió, y le dijo Roberto, Roberto de Dios. Después firmó y le pagó la primera cuota, que era de casi mil pesos. Ahí me dijo que pensó "me salvó Dios", porque hacía mucho que no veía ni un peso. Se despidió y se fué, bajó en el ascensor, se fué directamente a su casa, para hacer la compra.

Me decía que cuando en el Templo le dijeron que su nombre sería "Conocido de Dios", recordó todo esto y pensó: qué bien, todavía se acuerda de mí.-


Alberto Costa es escritor, coach personal y psicoterapeuta operativo, experto en logro de objetivos y en resolución de crisis puntuales, personales y profesionales, atiende por Internet, o en su consultorio de Madrid, España. La primera consulta es gratis y sus honorarios son flexibles. www.albertocosta.net

Escrito por Alberto Costa
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Comentarios

  1. muy bueno, me ha encantado..

    Ana — 16-12-2005 17:37:36


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