Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

EL HECHO SOCIAL DE LA POESÍA

Archivado en Poesía • Fecha: 14-02-2006 14:17:09

El autor se arrepiente de haberse distanciado tanto de su bitácora y por eso la recupera con una primicia: el texto de la conferencia que dará el viernes 17 de febrero en el Centro Cultural Zazuar, de Madrid

Buenas tardes, gracias por estar aquí.

Todos sabemos que los hechos sociales son incontables y la poesía,
como la literatura en prosa y como la pintura, la escultura, el baile, la música y todas las demás disciplinas artísticas y también filosóficas y científicas, se dividen y se subdividen en muy diversas líneas, estilos, escuelas y posicionamientos.

Cuando mi amigo Sixto Eleta Andrada me propuso esta charla, pensé en la forma que debería tener y recordé que cuando al propio Sixto le dicen, por ejemplo y sólo como ejemplo, que los chinos son mezquinos, Sixto suele contestar: “No lo sé, no los conozco a todos”.

Eso mismo podríamos decir de las diversas posibilidades de abordar el tema de hoy: “El hecho social de la poesía”.

También recordé que el poeta y cuentista Jorge Luis Borges decía que la historia de un hombre podía representar la historia de todos los hombres, y empecé a perfilar la dirección que podría tener nuestra charla de hoy.

Y para terminar de decidirme pensé en unas iluminadoras palabras del novelista ruso León Tolstoi, que aconsejaba: “Describe tu
aldea y describirás el mundo”.

Así que yo describiré mi antigua aldea poética y los hechos sociales
que la fueron definiendo, como para ejemplificar, con una parcela muy limitada, el tema de hoy.

Los hechos sociales son condicionados por los hechos políticos y los hechos políticos condicionan nuevos hechos sociales. Esto es así, siempre y en todas partes.

Y en mi aldea poética, que se originó en mi ciudad natal, Buenos Aires, y existió entre los años 60 y 76 del siglo pasado, estos hechos sociales eran los que a mí y a un grupo de poetas y amigos con los que hacíamos una revista y una editorial muy particular, nos dictaban la poesía que escribíamos y publicábamos de distintas formas.

Posiblemente la característica de aquel grupo que se llamaba Barrilete, que es una palabra distinta para llamar a una Cometa, era, en un principio, la frase que definía nuestra intención, decía: Salimos a remontarnos.

Fue una experiencia particular, nunca pretendimos señalar nuestra forma de entender y de hacer la poesía como la única forma posible, ni como la mejor ni como la peor. Nos definíamos como muchachos de barrio que hacían poesía intentando ser tan directos y llegar tanto a la gente como los autores de las letras de los tangos, Enrique Santos Discépolo, Celedonio Flores, Homero Manzi y tantos otros. Entendíamos que estos autores llegaban a la gente porque partían del sentir de la gente y eso era lo que intentábamos nosotros.

Suele suceder que los propios hechos sociales van redefiniendo la actitud de algunas personas, por lo menos es lo que nos fue sucediendo a nosotros, al grupo Barrilete, al que habitaba aquella aldea poética donde yo nací como poeta en 1965. En el mismo año que los Estados Unidos invadieron a la República Dominicana, ya que siempre habían dicho que para ellos Latinoamérica era su patio trasero.

En todos los países latinoamericanos se hicieron manifestaciones de repudio a esa acción. En la Argentina también, en varias ciudades.

En Buenos Aires, al llegar a la esquina de Corrientes y Callao, se cruzaron varios coches por delante de la manifestación, bajaron unos cuantos policías de civil y poniendo una rodilla en tierra, comenzaron a disparar sus escopetas Itaka hacia la muchedumbre. Los estudiantes universitarios tuvieron su primera baja. Todos tuvimos nuestra primera baja. Hubo un muerto, muy joven, estudiante aún.

Esa misma noche nos reunimos los poetas de nuestra aldea y decidimos, por mayoría, que en 48 horas deberíamos presentar un poema testificando aquella invasión y sus consecuencias. De pronto decidimos que nuestro instrumento, la poesía, debía valer como testimonio inmediato frente a una agresión militar y política, o política y militar.

Algunos de los poetas que integraban el grupo decidieron no participar, y otros, que no eran del grupo nuestro, pidieron participar. Al cabo de los dos días que nos habíamos fijado leímos los poemas presentados y, siempre por mayoría, decidimos cuáles se publicarían y cuáles no. En 24 horas más editamos el Informe sobre Santo Domingo, que es la capital de la República Dominicana, por la que desfilaron los marines yanquis.

Yo escribí un poema olvidable, de no mucha calidad, pero muy sentido, se llamaba INFORME y decía:

Yo no lloro
solamente por los muertos
ni tampoco por los prisioneros
o por los que quedaron solos.
No es de lástima que lloro
sino de impotencia
por saberlos con vida
por saberlos jóvenes
luchando.
Por saberme con vida
Por saberme joven
Llorando.


Tenía 24 años y empezaba a comprender que la poesía era un arma y que había que aprender a usarla, el poeta y escritor uruguayo, Mario Benedetti decía “que cada palabra sea como una bala cargada, esa es nuestra tarea”.

Ese Informe sobre Santo Domingo agotó los primeros 4 mil ejemplares en menos de una semana y la segunda edición de 6 mil ejemplares se volvió a agotar. Algunos de los poemas, claramente mejor escritos que el mío, y más cargados de rabia, provocaron una disculpa del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino a los EE UU y una misa de desagravio a la Virgen, en la Facultad de Derecho, por una mala lectura, sesgada y malintencionada, de uno de los poemas integrantes del Informe.

Nuestra posición pasó a ser un tema de discusión en todos los cenáculos literarios, ¿podía entenderse la poesía como tal, cuando era por encargo?

Nuestro grupo lo tenía muy claro, si el encargo es hecho por la realidad que vivimos, la poesía que surga es perfectamente válida. Hubo tanta discusión sobre el tema que se nos planteó una nueva tarea: conseguir un lugar en la SADE, Sociedad Argentina de Escritores, y ése pasó a ser un objetivo de primera necesidad para nosotros.

Para ingresar como socio en la SADE había que pagar un dinero y presentar por lo menos un libro editado. Y yo no había publicado todavía y esa era la mejor oportunidad y también la de varios otros y otras poetas. Utilizamos el nombre de la revista y creamos un sello: Editorial Barrilete.

Cada autor hacía su libro y lo agregaba al fondo editorial de Barrilete. Utilizamos medios baratos, al alcance de todos, libros hechos con fotocopias, en una multicopista, tapas ilustradas por amigos pintores, o fotógrafos, como fue mi caso.

Publiqué mi primer libro, Lo que duele, dedicado a mi primer hijo, Pablo César, en 1965.

El primer poema, muy corto, de 4 líneas, dice:

Lo que duele es esto
de estar esperando
que se produzca algo
y no aguantar más.


Los hechos sociales tienen una velocidad de espanto. Cuando edité este libro, Lo que duele, un amigo de entonces, Martín Campos, poeta, periodista y escritor, ya desaparecido, dijo: “la palabra que Alberto ha empezado a buscar, es una palabra que debe pronunciarse libremente, gritarla humildemente, aunque nos duela, es una palabra que se busca, se arma, se destroza, se construye, y se da en regalo al prójimo, es la palabra amor.”

Los críticos y los amigos han sido, y siguen siendo, muy generosos conmigo, pero en aquella época no era por mí, si no por lo que yo intentaba representar, a la poesía que en sí misma fuera un hecho social y político, simultáneamente.

Con ese libro, de título premonitorio, ingresé en la SADE. Al poco tiempo conseguimos más de 3 mil firmas de escritores en activo, que nos avalaban para constituirnos en Agrupación independiente. Así nació la Agrupación Gremial de Escritores y yo acepté el puesto de Secretario General.

Esa aceptación fue un hecho social que condicionó todas mis acciones mientras seguí viviendo en la Argentina.

Al año siguiente, en el 66 del siglo pasado, publiqué mi segundo libro Poemas con taquicardia, y comenzaba diciendo:

Yo no tengo inconveniente
en desplegar mi corazón
y llevarlo flameando
como una bandera.


Estábamos bajo una dictadura militar, la de Onganía. La que vendría unos años más tarde, la de Videla, fue tan terrible que a esta dictadura, a la de Onganía, se la llamaba la dictablanda.

Desde entonces nuestra vida era negociada entre militares y civiles dóciles, las protestas sociales crecían día a día y ya comenzaba a fraguarse la que años más tarde se conoció como la Operación Cóndor, en aquél momento escribí:

Es evidente
que llegará la hora
de ponerse
una coraza de amor
contra las balas
y de jugarse la vida
a cara o cruz.


Los años llenos de incertidumbres fueron deteniendo su ritmo, comenzaron a pasar lentamente. Como sucede antes de una tormenta. El Ché fue asesinado en Bolivia en el 68, en el 73 fue derrocado Salvador Allende en Chile y en la Argentina había una gran fiesta por el retorno de Perón. Participábamos de esas fiestas aunque el instinto nos preparaba para lo peor.

En el 73 publiqué mi tercer libro en tres grupos editoriales semejantes al nuestro, simultáneamente, lo llamé Poemas a la Marchanta, que es una palabra siciliana de uso en la argentina, su nombre sería Poemas al aire, tal como lo que hacíamos, de pequeños, con los cromos, al aire.

En ese año, se hizo una gran concentración de autoafirmación popular en un estadio de fútbol y nosotros fuimos con poemas escritos en octavillas. Dimos la vuelta completa al estadio tirando al aire nuestras octavillas, muchas personas las recogían, veían poemas y nos miraban asombrados, pero se los guardaban, porque eran hechos poéticos que representaban a los hechos sociales que estábamos viviendo en ese mismo momento.

En ese año, en el 74, aparecieron las Tres A, Alianza Anticomunista Argentina, eran una especie de adelanto de lo que vendría casi de inmediato, todos aquellos que se manifestaban por una salida política y social de tinte progresista, eran catalogados como pro-comunistas. Comenzaron las persecuciones y los asesinatos difíciles de explicar, familias enteras tiradas a un pozo recubierto de explosivos y cadáveres irreconocibles por las torturas previas.

Esas 3-A, hicieron una lista y la publicaron en los diarios de entonces, entre muchas otras personas e instituciones amenazadas, aparecimos nosotros, Barrilete.

Decidimos hacer una fiesta de despedida, alquilamos un teatro y convocamos a participar a todos los artistas que quisieran venir. El público fue tan numeroso que se dejaron abiertas las puertas para que pudieran ver o escuchar. Me tocó abrir el acto, lo hice leyendo una despedida a ese grupo que poco más tarde sería prohibido expresamente por la dictadura militar. Dije algunas palabras a las que recuerdo nebulosamente, sintetizadas por una sola: Adios.

Y leí un poema que pasó a ser como una canción de despedida. Al día siguiente lo imprimimos en un cartel ilustrado por un amigo y lo distribuimos por todas las librerías de Buenos Aires Se agotaba diariamente.

El poema todavía dice así:

Si llego a morir.

Si llego a morir
cuando todo sigue igual
cuando simplemente hay bronca
y todavía se espera que acabe esto que nunca acabará.

Si llego a morir amor
de muerte suave y tranquila
antes que la tristeza
sea terminantemente prohibida
por decreto oficial.

Si todavía hay compañeros
perseguidos
por hacer de la alegría su bandera
si no hay puños en alto
si no hay flores y risas de festejos,

Si llego a morir así, mi amor
no me llores
no vale la pena.


Y en ese mismo acto, un gran poeta, y gran amigo, que ha sido uno
más de los "desaparecidos", Roberto Jorge Santoro, leyó
su Declinación:

Yo amo,
Tú amas,
Él ama
Nosotros amamos,
Vosotros amáis,
Ellos MATAN.


El final de ese acto fue el final de una época para nuestra forma de entender la vida y la poesía. Mientras comenzaba a irse el público, espontáneamente, sin ningún acuerdo previo, empezó a cantar al unísono:

Si me quieres escribir
ya sabes mi paradero
en el frente de batalla
primera línea de fuego.


Era un hecho social de vital importancia, todos sabíamos que en poco tiempo más se oficializaría la dictadura de Videla y comenzarían, tal como comenzaron, las desapariciones de todo tipo de personas, de todas las edades, de todas las religiones, de todos los sexos, incluídos los escritores.

Fue entonces cuando tuve que elegir entre el compromiso que me exigía mi palabra dicha, mi aceptación del puesto de Secretario de la Agrupación Gremial de Escritores, y mi propia seguridad.

Mi palabra, mi compromiso vital, me llevó a firmar decenas de telegramas exigiéndole al entonces general Videla, la aparición con vida y la libertad de cada escritor encarcelado, o secuestrado.

Como es de suponer ese hecho social, con características de poesía épica, duró poco, después llegó la cárcel y muchos meses más tarde
la expulsión de mi país.

Y el 10 de septiembre de 1977 aterricé en Barajas y aquí estoy, con vosotros. ---



Alberto Costa es, escritor, coach personal y psicoterapeuta operativo, es experto en logro de objetivos y en resolución de crisis puntuales, personales y profesionales, atiende por Internet, o en su consultorio de Madrid. La primera consulta es gratis y sus honorarios son flexibles. www.albertocosta.net


Escrito por Alberto Costa
(0) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009