Recuerdo que cuando llegó Nicolás Espiro a España sentí la necesidad de hablar con él sobre el tema que estaba trabajando entonces, la productividad en los grupos y en las personas, recuerdo que me impresioné cuando me dijo que él había sido el primero en hablar del grupo como unidad de producción y que era perfectamente viable utilizar el mismo método para casos individuales y así lo hice.
Hacía ya tres años que, junto con Carmen Morera, Ernesto Feldman y Alfonso Garcés, estábamos estirando los conceptos del Dr. Enrique Pichón Rivière, autor y descubridor de los Grupos Operativos y de sus conceptos básicos, la tarea como “jefe absoluto” de cualquier acción, y el ECRO, Esquema Conceptual Referencial y Operativo, como recurso básico, que abarca el consciente y el inconsciente de cualquier operador en cualquier tarea.
La nuestra, en aquel momento, estaba ceñida al Seminario que dábamos en Madrid y en Alcalá de Henares y se llamaba “Aspectos psico-sociales de la producción grupal”. Más allá de los avatares de nuestro grupo, que fue disolviéndose malamente, con la salida de Carmen Morera primero, el retorno de Ernesto Feldman a Buenos Aires y la dedicación de Alfonso Garcés a la podología, nuestra tarea, la investigación de las posibilidades de producción grupal y el posible incremento de la productividad, desde el criterio de ahorro de energía vital a partir de una correcta concentración sobre la tarea específica a realizar, quedó a mi cargo. Por eso lo fui a buscar a Espiro, para cotejar ideas y supervisar proyectos.
Espiro organizó un encuentro con otro gran especialista y discípulo de Pichón Rivière, Armando Bauleo y yo me quedé dormido y llegué dos horas tarde a esa reunión. Bauleo me dijo: “esta demora tuya nos tiene que decir algo a los dos”. Y sí. Seguramente sí, algo decía. Y yo no sabía qué era y posiblemente todavía no lo sé. En aquél momento hice un par de cursos con Bauleo y seguí charlando con Espiro. Fui a cenar una noche con varios compañeros de un curso de Bauleo y con él también y le quedé debiendo, todavía se las debo, porque no lo volví a ver, 5 mil pesetas, de las de antes. Esa noche me enteré que el trío de discípulos de primera división del fundador de la Psicología Social Argentina, eran los dos mencionados y el tercero era Hernán Kesselman, a quién también fui a visitar y a charlar con él. Era evidente que los intereses de éste abarcaban temas más amplios y más “new age”.
En la consulta de Kesselman se organizó un curso de fin de semana coordinado por Juana Danis que tal como lo siento ahora fue la que me enseñó, la que me mostró las llaves de un mundo totalmente nuevo para mí, el mundo simbólico, del que ella hablaba sin salirse de la psicología social de Pichón Rivière, pero mezclándola con las nuevas formas de entender a Freud que había traído Jacques Lacan, a través de la traducción de Oscar Masota y del simbolismo bíblico.
A partir de ese momento, a través de mi propio entrenamiento psicológico para perder el miedo a ir por caminos no conocidos totalmente, comencé a escuchar con más detenimiento a mi amigo Juan, al que normalmente le hacía poco caso, porque venía al seminario y encontraba similitudes entre lo que decía Lacan, por ejemplo y lo que estaba dicho en extraños libros sobre el origen del mundo y de las personas.
En carne propia me di cuenta que, con un entrenamiento psicológico adecuado, todas las personas podían dar mucho mas de sí, mucho más de lo que ellos mismos suponían. Al hablar de entrenamiento psicológico vi que estaba hablando de Coaching y aunque no me gustaba llamar a lo mismo que ya hacía, de otra manera y con una palabra en inglés, entendí que no había porque cederle el campo únicamente a las consultoras de empresas y que había que usarlo, con el mismo atrevimiento que me enseñó Juana Danis, de la que tendré que seguir contando muchas más cosas, pero en otro momento.-
Alberto Costa es escritor, coach personal y psicoterapeuta operativo, experto en logro de objetivos y en resolución de crisis puntuales, personales y profesionales, atiende por Internet, o en su consultorio de Madrid, España. La primera consulta es gratis y sus honorarios son flexibles. www.albertocosta.net