Los poemas no requieren explicación, tal vez mi reconocimiento a César Vallejo, porque de él es el título que usé en este poema. Poema cuyo único mérito es el de ser un testimonio parcial de la noche del 20 de mayo de 1976. La noche que rompieron mi vida por la mitad, y la de mi mujer de entonces, y la de mis hijos Martín y Matías, que eran unos niños de 4 y 2 años y la de mi hijo Pablo, de 14 años, que quedó sólo, hasta ahora mismo. La noche en que, de pronto, me di cuenta del enorme vacío que quedaba fuera de aquella consigna de Patria o muerte. Nunca había pensado en la tercera alternativa, la vida sin referentes, que comenzó después de la evidente derrota.
HAY GOLPES EN LA VIDA,
TAN FUERTES... YO NO SÉ!
Golpes como del odio de Dios;
como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma....Yo no sé!
César Vallejo
LOS HERALDOS NEGROS
Tal vez recibimos la visita de los heraldos
negros como la traición la locura y la muerte
Heraldos Negros que anuncian pero no siempre
la provocan físicamente al menos
quiero decir que la muerte puede acostarse
con nosotros todas las mañanas cebarnos
mate y acompañarnos por un tiempo
no siempre determinado
Tienen que haber sido ellos los que entraron
sin invocar ningún poder
porque eran todo el poder
entraron volteando una pobre mezcla
de dignidad de libros cuadros y ternura familiar
nos llevaron a nosotros y a lo poco que era nuestro
un televisor una radio una respetable cuota de amor
un concepto sobre la pareja y casi todas las ganas
de proseguir juntos de construirnos juntos
Nueve fueron los que entraron
los que se repartieron por la casa
eficientes como buenos discípulos de Dios
dejaron a nuestros hijos para que duerman en paz
los niños solos tuvieron que hacerse cargo
de los destrozos del desamparo y de la angustia
Nosotros pasamos un año en la cárcel soñando
suponiendo que nuestros lazos se estrechaban
a pesar de los Heraldos Negros
que nos anunciaron la muerte
pero no nos dijeron que forma tendría
Nos engañó nuestra fe en nosotros
Se supone que cuando pasa el dolor
sólo queda una cicatriz
Los agentes de la muerte son suficientemente
hábiles precisos y crueles como para conseguir
que las heridas que ellos producen
se mantengan eternamente ulceradas
Hoy estamos procurando rescatar los pedazos
nos acostamos temblando y nos hablamos con miedo
Por ahora lo único que nos une es el recuerdo
y el odio
el odio a Dios a sus Heraldos Negros
y porqué no
a la buena madre de cada uno de ellos.-
Alberto Costa es escritor, coach personal y psicoterapeuta operativo, experto en logro de objetivos y en resolución de crisis puntuales, personales y profesionales, atiende por Internet, o en su consultorio de Madrid, España. La primera consulta es gratis y sus honorarios son flexibles. www.albertocosta.net
Dionisios — 11-04-2006 12:46:24