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El DISTANCIAMIENTO DE LA ORTODOXIA

Archivado en Psicología cotidiana • Fecha: 14-05-2006 20:37:37

Este capítulo retoma mi abandono de las teorías lacanianas, hacia la ortodoxia freudiana y cómo, simultáneamente, comencé a dejar también a Freud, en el cruce de caminos entre el de Carmen Prendes y el mío. Ya que nuestro intercambio teórico, casi sin darnos cuenta, y la presencia, en un segundo plano, de la permanente Juana Danis, fue el inicio, lo que encendió la chispa, que me trajo hasta esta aparente soledad actual.

No tengo un recuerdo exacto de la fecha, pero tiene que haber sido en los primeros años de la década de los 80, éramos un grupo de profesionales que estábamos haciendo un curso de lectura cronológica de la obra de Sigmund Freud, que coordinaba Agustín Genovés, psiquiatra, psicoanalista y, en este caso, profesor.

Ya no recuerdo si lo sabíamos, o nos enteramos en el curso, Carmen Prendes y yo vivíamos en el mismo edificio del barrio de La Estrella, en la calle Sirio 54. En ese edificio también había funcionado y muerto el Grupo Sirio, del cual fui parte integrante y después de la huída de mis socios, Director.

Con Carmen empezamos a compartir el coche para llegar al curso de Agustín y entonces nos fuimos conociendo más y hablando más.
Ella venía de una formación junguiana y yo no sabía de Jung más que había sido discípulo preferido de Freud. Entonces me contaba cosas de los símbolos y de la manera que interpretaban los sueños los que seguían la línea de Jung. Despertó mi curiosidad y le pedí que me prestara algún libro de este autor y me dejó su autobiografía. Quedé impactado.

Comenzó a darse un proceso curioso, Carmen entraba a las concepciones freudianas con algún reparo, dada su formación, pero con total determinación y yo, que estaba en esa línea freudiana, le preguntaba cada vez más detalles de sus reparos y de los conceptos junguianos que los fundamentaban. Los sistemas simbólicos eran la clave.

El lenguaje es un sistema simbólico, posiblemente de los más importantes, el psicoanálisis se apoya en él, las psicopatologías se detectan por él y el inconsciente se manifiesta a través de él y de los sueños. Es lo que yo había estudiado y el instrumento que utilizaba para mi trabajo de psicoanalista.

Pero a raíz de mis conversaciones con Carmen y de los libros que me prestaba, comencé a detectar varios sistemas simbólicos más. Y lo que me interesaba era la forma circular de estos sistemas, para ser más exacto tendría que decir la forma de espiral, un concepto que me resultaba familiar por la obra de Psicología Social de Enrique Pichón Rivière que había estudiado y aplicado porque me había entusiasmado desde mi primera época en la psicología.

Estas charlas con Carmen no hacían más que ampliar mis conocimientos, no parecían tener demasiada trascendencia. Hasta que fuimos al seminario que se organizó en lo de Kesselman un fin de semana, en el que Juana Danis comenzó a hablarnos de “El Orden Simbólico de los Significantes Bíblicos”.

Aquello para mí fue conmocionante. Y en un intervalo que hicimos para airearnos un poco volví a entrar enseguida y la vi a Juana Danis, con un juego de cartas de Tarot en la mano y, desde mi ignorancia, le pregunté si adivinaba la suerte y el futuro. Me miró de una forma que yo siento todavía como muy especial y me dijo que no. “No, las uso para meditar”, me dijo. Y me dejó muy impresionado, nunca había juntado al Tarot con la meditación.

Siempre hay una primera vez, para todo. Juana empezó a hablar del Tarot, la nombró a Carmen como “La Maga” y a mí me maltrató, me preguntó qué era yo y le dije psicoanalista y me dijo “mira tú, eres más que yo”. Y unos cuantos se rieron y yo sentí como un escalofrío por la espalda.

Posiblemente ese escalofrío inexplicable, en ese momento, debe haber llegado a mis ojos, a mi mirada, porque cuando llegó el final de la reunión. Se acercó a mí y me invitó a que la acompañara, al día siguiente, al Museo del Prado, donde me llevó, directamente, a ver los cuadros de El Bosco y de Bruegel, que en aquel momento, no sé ahora, estaban uno al lado del otro. “Símbolos”, me dijo, “todo es simbólico”.

Cuando salimos, andando a la deriva, se detuvo en una librería en la Plaza de Jacinto Benavente y me pidió que la esperara en la puerta, entró y cuando salió me regaló un libro envuelto, me dijo “Tal vez salga algo de aquí”. Era un libro de la Editorial Kier, de Alexandra David-Neel, Textos Tibetanos Inéditos.

Leí, en la primera página, un párrafo muy corto, decía: “Nada viene de nada, es decir: nada ha sido sacado de nada. Nada ha sido creado, pero todo cuanto existe, existía ya, de alguna manera, desde la eternidad”. Se lo agradecí. Pero nunca leí más que ese párrafo, porque, para mí, era exactamente la definición cabalística del nombre Jehová.

Y, tal vez por eso, aquí estoy, en lo que estoy.---



Alberto Costa es escritor, coach personal y psicoterapeuta operativo, experto en logro de objetivos y en resolución de crisis puntuales, personales y profesionales, atiende por Internet, o en su consultorio de Madrid, España. La primera consulta es gratis y sus honorarios son flexibles. www.albertocosta.net

Escrito por Alberto Costa
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