En este islote de bienestar mayoritario que es Europa y supongo que en su gemelo, en cuanto islote de bienestar mayoritario, los EE UU, a muchas personas les cuesta entender que también las necesidades se dividen en clases sociales. Hay necesidades de subsistencia, necesidades de mantenimiento y necesidades culturales, entre muchas otras.
Dice un axioma esotérico que “así como es arriba, es abajo”, y supongo que no soy el único en entender que, por extensión, así como es en lo grande, es en lo pequeño y múltiples variantes más, cuyo significado siempre nos llevan a ver la relación casi idéntica que hay en la configuración del universo, por ejemplo, y en la configuración de nuestro organismo, por ejemplo, y también debería servir, supuestamente, para comparar las sociedades, algo así como lo que es en los islotes del bienestar, también es en el tercer mundo, por ejemplo
Es curioso que en el primer mundo, en esos islotes de los que hablé al principio, en donde se configuran la mayoría de los modelos teóricos de casi todas las disciplinas, se da por incuestionable que en el crecimiento de una persona se pasa por una etapa de dependencia total para sobrevivir, la lactancia y quizá los primeros tres años de vida, en la que las necesidades no pasan de ser sólo las de subsistencia.
Luego se pasa a otra etapa de mayor autonomía, que coincide con la etapa escolar y luego a una etapa superior, en la que se puede estar, o no, en la universidad y tener un trabajo, este trabajo lo coloca en la etapa en donde las necesidades dejan de ser de subsistencia, primarias, básicas, para convertirse en necesidades culturales, o sociales.
De esta manera, siguiendo ese modelo, podemos llegar a suponer que la mayoría de los habitantes del tercer mundo son lactantes, ya que viven día a día, trabajando, o intentando trabajar, pensando, buscándose la vida, con una sola idea fija en la cabeza, subsistir, e intentar que subsistan la mayoría de sus hijos y demás familiares.
Lo mismo podríamos pensar de los inmigrantes africanos, que se embarcan en esos cayucos inestables y viajan 6 o 7 días a disposición del estado del mar y, cuando tienen suerte, llegan a las costas españolas con un solo deseo predominante, buscarse la vida, subsistir. O de los latinoamericanos que intentan saltar la frontera para entrar en EE.UU.
Me doy cuenta al escribir esta página de mi cuaderno de bitácora, con corazón, aplicando más mi corazón que mi cabeza, que conozco al primer mundo porque vivo en él, en España, y al tercer mundo, por que en él está mi hijo mayor, Pablo, y sus cuatro hijos, mis nietos, y porque también veo los telediarios y el periódico de la mañana.
Y me doy cuenta que así como ha desaparecido la clase media en la mayoría de los países empobrecidos por la avaricia de las multinacionales, también debe haber desaparecido el segundo mundo, porque de verdad no conozco a ningún país que pertenezca a lo que en alguna época se llamó segundo mundo, con lo que podríamos decir que las necesidades de mantenimiento, de un nivel determinado por distintas razones, se reduce a unos pocos, a los supervivientes de las clases medias, de todo el mundo.
Las clases sociales, fuera de estos islotes en los que estamos una ínfima minoría de la humanidad, se han reducido a dos y un poquito, los países también, existen los que con mucha suerte sobreviven y los de los islotes. Nadie más, o muy pocos más.
Con lo que el axioma de así como es arriba es abajo, se encuentra con un problema, abajo, en la pobreza total, en la desesperación, en la lucha por la subsistencia, no piensan, ni creen, que ahí, abajo, sea igual que arriba, en los islotes.-
Alberto Costa es escritor, coach personal y psicoterapeuta operativo, experto en logro de objetivos y en resolución de crisis puntuales, personales y profesionales, atiende por Internet, o en su consultorio de Madrid, España. La primera consulta es gratis y sus honorarios son flexibles. www.albertocosta.net www.cursosmitikum.com